
Alberto Zúñiga H, Director de Negocios de Veltis Latam
La minería enfrenta uno de los momentos más complejos y transformadores de su historia. En un mundo que impulsa una transición hacia modelos más sostenibles, la misma sociedad que demanda ese cambio también plantea interrogantes sobre las industrias que lo hacen posible. Este escenario ha configurado una verdadera encrucijada para el sector: nunca antes se necesitó tanto de sus recursos, justo en el momento en que se le observa con mayor exigencia.
El juicio social y la carga del pasado
Durante las últimas décadas, industrias clave como el petróleo, el gas y la minería han sido objeto de un creciente cuestionamiento social. En gran parte, esto se debe a su carácter extractivo, que muchas veces ha sido asociado a impactos ambientales o sociales. Pero el debate va más allá de la percepción: históricamente, la minería —como muchas otras grandes industrias— operó con estándares que hoy ya no resultan aceptables. Se implementaron proyectos sin suficiente evaluación ambiental, se gestionaron residuos con escaso control, y se minimizaron efectos sociales y ecológicos que hoy son prioritarios.
Ese enfoque ya no tiene espacio en el presente. Desde comienzos del siglo XXI, la presión social, regulatoria y política ha transformado radicalmente las reglas del juego. Hoy, el escrutinio público es permanente, y el rechazo ciudadano puede incluso detener proyectos que cumplen con la normativa. La reputación construida durante décadas tiene un peso real, y el sector es consciente de ello.
Aun así, existe una realidad técnica incuestionable. Para avanzar hacia un modelo energético bajo en carbono, el planeta necesita descarbonizarse, electrificar su matriz energética y apostar por tecnologías limpias. Todo ello depende de minerales como el cobre, el litio, el cobalto o el níquel. Son recursos naturales que no se fabrican ni cultivan. Se extraen.
Frente a una demanda estimada de 30 millones de toneladas de cobre al año, y una producción actual que bordea los 15 millones, la brecha es clara. ¿Cómo se enfrentará este desafío si abrir nuevas faenas resulta cada vez más complejo por factores sociales, ambientales y normativos?
Hacia una minería 4.0
Este nuevo contexto exige una transformación de fondo. La denominada “Minería 4.0” no se limita a digitalizar procesos, sino que implica repensar el modelo completo: operaciones más limpias, seguras, eficientes y respetuosas con el entorno.
Los tranques de relave, por ejemplo, ya están siendo reemplazados por tecnologías de filtrado que reducen su impacto y mejoran su seguridad. También se exploran sistemas robotizados o subterráneos que permiten una extracción más selectiva, minimizando la huella física de las operaciones.
El objetivo es claro: una minería que genere menos residuos, recupere más mineral y consuma menos recursos críticos como el agua o la energía.
Esta transformación no depende únicamente de las compañías mineras. Requiere la participación activa de toda la cadena de valor. Los proveedores, que representan entre un 60% y 65% de la dotación del sector, juegan un rol clave.
Muchos de ellos están directamente vinculados a las comunidades locales, manejan flujos operativos sensibles y deben alinearse con los nuevos estándares de sostenibilidad: cumplimiento normativo, eficiencia operacional, seguridad laboral y equidad de género.
Infraestructura obsoleta y desafíos productivos
Además del desafío ambiental y social, existe una presión creciente por mantener la productividad en un contexto cada vez más adverso. Las minas actuales operan con leyes de mineral más bajas, a mayores profundidades, con distancias de acarreo más largas y sobre infraestructuras que en muchos casos superan los 50 años.
Esto exige mayores niveles de profesionalización, mejor preparación técnica, procedimientos rigurosos y una cultura de excelencia operativa que comienza desde los líderes y se despliega a todo nivel organizacional. Se necesita una constante innovación.
Cuando se habla de innovación, muchas veces se piensa en camiones autónomos o inteligencia artificial. Pero la verdadera innovación no está en hacer lo mismo con más tecnología, sino en cambiar el proceso mismo.
Hoy se investiga cómo recuperar cobre de forma más eficiente, sin usar grandes cantidades de agua o energía, a través de lixiviación avanzada o procesos bioquímicos. Eso sí es transformación.
Un llamado a la acción
La minería está en el centro de una tensión global. La sociedad le exige más responsabilidad, y al mismo tiempo más producción. La única forma de responder a esa paradoja es con innovación, colaboración y una conciencia profunda de que ya no basta con producir: hay que producir bien.
Esto no es solo un desafío técnico o ambiental. Es un desafío cultural. Y como tal, exige liderazgo, visión y coraje para cambiar, no solo cómo hacemos minería, sino para qué la hacemos.